Era un día caluroso. Chris estaba delante de su ordenador, esperando a que se cargase una página especial sobre informaciones. Desde que le echaron de los GEO ha tenido una vida miserable, y debía enviar su curriculum a la CIA. Aunque se tuviese que mudar a Estados Unidos le daba igual, hablaba inglés y francés y podía defenderse bien en el idioma.
- ¡Joder, otra vez no! - Exclamó. Una pequeña ventana se le abrió del Internet, ofreciéndole 890.000 de la moneda que el desease solo por entrar a un "Área Restringida".
No podría vivir como un rey pero si estar sin tener que pedirle dinero a su madre durante mucho tiempo, y eso le encantaba. Pinchó hacia la ventana a la vez que rezaba que no fuera un timo. Otra pestaña se le abrió, pero esta vez era diferente. No redireccionaba a ninguna web, solo había un pequeño campo para poner un número de teléfono. Chris buscó tu teléfono móvil, rebuscando en su desordenado escritorio. Abrió un cajón que estaba a su derecha y allí estaba.
- Muy bien, espero que no sea un timo. Un área restringida... seguro que es una comisaría de policía o algo así. - Dijo en tono burlón. Cuando puso su número de teléfono, solo salió un pantallazo blanco, y a los treinta segundos, aparecieron letras negras en cursiva diciendo: Gracias, le llamaremos en inglés.
Chris se recostó en su silla, y se sobresaltó cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. No aparecía el remitente de llamada, solo un número privado. Chris dudó en cogerlo, pero la curiosidad podía con él.
- Hola, Chris. - Dijo una voz fría.
- ¿Qui-quien es? - Tartamudeó.
- Veo que has aceptado la misión. Si todavía estás interesado en cumplirla dirígete al Puente 4 hoy a las tres de la madrugada. - Y colgó. Chris se quedó paralizado. No sabía quien podía ser ese tal tipo, y eran las doce de la noche. Chris se levantó, cogió sus llaves, su teléfono móvil y un pequeño revólver que se había quedado de los GEO, por si acaso ese tipo era una especie de loco. Nunca se sabe.
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